ESTUDIOS SOBRE DERECHO
Y SISTEMA PENAL
AÑO II | NÚMERO 3
JUNIO 2026
NOVIEMBRE 2026
ISSN 3072-8088
INSTITUTO INTERDISCIPLINARIO DE ESTUDIOS CONSTITUCIONALES (IIEC-UNPAZ)
Recensión a Cinzia Aruzza, Tithi Bhatacharya y Nancy Fraser (eds.), Manifiesto de un feminismo para el 99% (Rara Avis, 2019) Agustina Sarati
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
agustinasarati@gmail.com | ORCID: 0009-0005-2719-7063
Estefanía Gelso
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
estefaniagelso@gmail.com | ORCID: 0009-0003-9950-3950
Recibido: 15 de septiembre de 2025. Aceptado: 6 de enero de 2026.
Manifiesto de un feminismo para el 99% Review of Cinzia Aruzza, Tithi Bhatacharya and Nancy Fraser (eds.), Manifesto of a feminism for the 99% (Rara Avis, 2019) Aruzza, Cinzia; Bhatacharya Tithi y Fraser, Nancy (eds.) (2019). Manifiesto de un feminismo para el 99%. Buenos Aires: Rara Avis.

El Manifiesto de un feminismo para el 99% de las activistas Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser se gestó como reflexión teórica-práctica luego de que trabajaran juntas en la huelga de mujeres del año 2017 en Estados Unidos. Desde cada uno de sus ámbitos de investigación, a saber, las relaciones entre feminismo y socialismo en el caso de la italiana Arruzza, las implicaciones de la reproducción social en los conceptos de clase y lucha de clases estudiadas por la india Bhattacharya, y las crisis del capitalismo y de la reproducción social analizadas por la norteamericana Fraser, la relación entre capitalismo y opresión de género es entendida como el núcleo duro de la coyuntura actual, un momento crucial en la historia de los feminismos y el capitalismo que exige, según las autoras, la reorientación de las luchas feministas. El texto está compuesto por once tesis y cuatro elementos centrales que desarrollaremos a continuación e intentaremos poner en articulación con algunas autoras, dialogando con el escenario político actual. 1. Una interpelación urgente sobre la necesidad de establecer conexiones y alianzas Las autoras en las primeras páginas se preguntan sobre las alternativas posibles frente al neoliberalismo descarnado que domina el mundo en las últimas cuatro décadas. Así, arengan a una urgente toma de posición como feministas: ¿Seguiremos buscando la igualdad de oportunidades en la dominación mientras el planeta arde? ¿O nos atreveremos a reimaginar la justicia de género con una forma anticapitalista, de modo que apunte más allá de la crisis actual que nos guíe hacia una nueva sociedad? (p. 15). Claramente este manifiesto es una brújula por el segundo camino. Para comprender las once tesis que componen el Manifiesto es necesario analizar previamente cuatro elementos fundamentales vinculados al momento actual. Estas claves de lectura, ancladas en el incendiario posfacio, no solo marcan una distancia respecto a otras tesis sobre la crisis del capitalismo tardío, sino que advierten sobre la trampa que reduce las opciones políticas del feminismo a dos posibilidades equivalentes: por un parte, la variante “progresista” del neoliberalismo que pugna por un feminismo corporativo y elitista1 que niega el carácter depredador del capital y, por otra, la opción reaccionaria del neoliberalismo basada en un creciente populismo de derecha cuya agenda plutocrática es misógina y racista. El primero de los elementos señalado por las autoras es la necesidad de reconceptualizar el capitalismo y sus crisis. En efecto, al hablarnos de “crisis”, el manifiesto no se refiere a la acepción común de que las cosas están mal, sino de la crisis del sistema capitalista como un todo, una que no se reduce a su configuración económica, sino que abarca relaciones y prácticas en apariencia desvinculadas de lo económico, pero que le dan sustento a la economía oficial. Por eso, sostienen que existe una serie de contradicciones “no económicas” –ecológicas, políticas y socio-reproductivas– que particularizan la fase actual de ese “orden social institucionalizado”. El segundo elemento es el que tiene que ver con la reproducción social. Partiendo del presupuesto de que la sociedad capitalista se constituye en la necesidad de obtención de beneficios propios y simultáneamente en la necesidad de sustento de los seres humanos por la vía de procesos de “creación de personas”, la reproducción social es definida como: Las actividades que sustentan a los seres humanos como seres sociales con cuerpo, que no solo deben comer y dormir, sino también criar a sus hijos, cuidar de sus familias y mantener sus comunidades, todo ello mientras persiguen sus esperanzas de cara al futuro (p. 99). Según las autoras, el trabajo de la reproducción social, es decir, las condiciones de posibilidad que el cuidado de personas proporciona para el funcionamiento del sistema, recae en las mujeres, en quienes se descarga exclusivamente la responsabilidad de la creación de vida. Un trabajo que no es remunerado ni considerado como trabajo, pero del cual el sistema depende para la obtención de sus beneficios.2 Esto conduce directamente al tercer elemento para leer la coyuntura presente y entender la urgencia del Manifiesto: la crisis de la reproducción social. Esta crisis, derivada de la crisis estructural del capitalismo, se da justamente en la contradicción entre la imposibilidad de funcionamiento del sistema sin la reproducción social y el hecho de que esta actividad le resulte incómoda y costosa. La aplicación de medidas de ajuste y la implementación de paquetes de reforma económica que sustentan el modelo neoliberal, junto al crecimiento de la deuda externa de los países del Sur global, como sucede en Argentina actual y cíclicamente,3 explican el modo en que la reproducción social cada vez más va quedándose sin soportes y estructuras públicas (sistema de salud, vivienda social, educación gratuita, etc.) y cómo impactan de manera diferencial en mujeres y personas LGBTIQ+.4 Contrario a la fantasía emancipadora que el neoliberalismo “progresista” sugiere cuando celebra la llegada de las mujeres a engrosar las filas de la fuerza de trabajo –mal pagos, precarios y en los cuales abundan las posibilidades de acoso y violencia sexual–, la crisis de la reproducción social crea sistemáticamente mecanismos para que esas mujeres que poseen menos recursos acaben posibilitando el trabajo de aquellas que pueden obtener mejores salarios –salarios que, en todo caso, siguen muy por debajo de lo que un varón puede percibir por la misma posición–. Ya lo vimos al analizar la noción de la división sexual del trabajo y en recientes estadísticas en nuestro país.5 La consecuencia, de acuerdo con las autoras, es la creación de “cadenas globales de cuidados”, una forma perversa de funcionamiento de la reproducción social que convierte en mercancía el cuidado y, con ello, sustenta la explotación entre mujeres. Por último, la política del feminismo para el 99% es el elemento que concentra el objetivo político del Manifiesto, es decir, abogar por un feminismo que esté a la altura de la crisis actual. A partir de una crítica abierta a lo que consideran el principal obstáculo para la superación del vínculo entre producción y reproducción, el feminismo liberal, y del rescate de las huelgas globales recientes y de la reinvención de las luchas de las mujeres y personas LGBTIQNB+ en todo el mundo, se esgrime la importancia de reformular la cuestión de clase y de lucha de clases en intersección con el género, la raza, la etnia y sus luchas. Apelando a una reformulación del universalismo marxista en tanto “un universalismo que adquiere su forma y contenido desde la multiplicidad de luchas que nacen desde abajo”, esto es, un universalismo “siempre en formación, siempre abierto a la transformación y al cuestionamiento, y siempre afirmándose de nuevo a través de la solidaridad” (p. 121) se afirma una posible vía de resolución de la crisis del capitalismo desde ese “otro” feminismo. Teniendo como horizonte de sentido esos elementos, y con miras a proponer una “reorganización total de la sociedad”, esto es, una reorganización antirracista, anticapitalista, ecologista, internacionalista y antimperialista del futuro, los once puntos del Manifiesto son los siguientes:
  • 1) Una nueva ola feminista reinventa la huelga.
  • 2) El feminismo liberal está en bancarrota. Es hora de superarlo. Un Manifiesto Feminista para el futuro.
  • 3) Necesitamos un feminismo anticapitalista, un feminismo para el 99%.
  • 4) Lo que estamos viviendo es una crisis de la sociedad en su conjunto, y su causa primordial es el capitalismo.
  • 5) La opresión de género en las sociedades capitalistas arraiga en la subordinación de la reproducción social a la reproducción para la obtención de beneficios. Queremos darle vuelta a la situación.
  • 6) La violencia de género adopta muchas formas, todas ellas ligadas a las relaciones sociales capitalistas. Nos conjuramos para combatirlas todas.
  • 7) El capitalismo trata de regular la sexualidad. Nosotras queremos liberarla.
  • 8) El capitalismo nació de la violencia racista y colonial. El feminismo para el 99% es antirracista y antiimperialista.
  • 9) Porque lucha por revertir la destrucción de la Tierra por el capital, el feminismo para el 99% es ecosocialista.
  • 10) El capitalismo es incompatible con la democracia real y con la paz. Nuestra respuesta es internacionalismo feminista.
  • 11) El feminismo para el 99% llama a todos los movimientos radicales a unirse en una insurrección común anticapitalista.
2. Tendencias y resistencias feministas: Aportes para repensar la intervención política Ahora bien, buceando en las tesis del manifiesto es posible enumerar conceptos claves y relacionarlos con algunas autoras referenciadas en el seminario, que nos permiten tender puentes entre distintas trayectorias políticas como también repensar alianzas posibles en nuestros territorios. La Tesis N° 6 sostiene que “la violencia por razones de género posee múltiples formas, todas vinculadas con relaciones capitalistas”. Algunas investigaciones reconocen que en torno a un tercio de las mujeres a escala mundial atravesó alguna forma de violencia por razones de género a lo largo de su vida. Pero la misma no implica únicamente la ejercida en el seno familiar, exacerbada en tiempos de miseria y crisis. También hay otra forma de violencia que ocurre fuera del ámbito privado y que, explican las autoras, tiene características más “racionales” (p. 46). Se trata, por ejemplo, de la instrumentalización del acoso como una técnica de control, algo que afecta particularmente a las mujeres vulnerables en términos económicos, profesionales, políticos y étnicos. Tal como sostiene Andrea Daverio (2021: 16), la violencia contra mujeres y niñas tiene su génesis y se sostiene en contextos sociales, económicos y culturales en lo que se entrecruzan múltiples factores: Pueden identificarse una serie de nudos estructurales para alcanzar la igualdad de género en la región, cuya atención resulta ineludible en las decisiones de políticas públicas sobre VCMN [violencia contra mujeres y niñas]: la desigualdad socioeconómica y la persistencia de la pobreza; los patrones culturales patriarcales discriminatorios y violentos, y el predominio de la cultura del privilegio; la división sexual del trabajo y la injusta organización social del cuidado; todo ello ligado y entrelazado con la concentración del poder y las relaciones de jerarquía en el ámbito público. Ante estas formas de violencia, no siempre tan delimitadas, el Manifiesto rechaza la respuesta habitual que consiste en la criminalización y el castigo, que concibe la violencia como un hecho autónomo, y la coloca en cambio en un contexto general del funcionamiento de la sociedad capitalista. Esto último, rechaza las posiciones individualistas o que “aíslan” el problema y, por el contrario, los sitúa en el campo de los procesos sociales y políticos que se entrelazan en contextos culturales determinados; por ende, las condiciones de desigualdad pueden ser transformadas. El Manifiesto es una apuesta a la transformación y un llamado al compromiso en la lucha contra la explotación y la dominación: “Las feministas para el 99% nos comprometemos a erradicar todas las formas de violencia [...] contra la violencia de género con la lucha contra todas las formas de violencia que alberga la sociedad capitalista” (p. 54). Ahora bien, las condiciones de posibilidad y de transformación a partir de pensar la potencia del movimiento de mujeres, feministas y LGTBIQNB+ adquiere sus particularidades en la escena latinoamericana; esto nos obliga a detenernos en la relación conflictiva entre estos movimientos y el Estado, y en las distintas configuraciones que adquirió a lo largo de los años. Marlise Matos, en su texto Los feminismos latinoamericanos y su compleja relación con el Estado: debates actuales (2012), da cuenta de las distintas tensiones y diferencias que se sucedieron al calor de las luchas sociales en articulación con las agendas políticas a nivel regional e internacional que se construyeron desde los Estados. La autora realiza un recorrido a partir del surgimiento de organizaciones de mujeres, feministas, y la construcción de demandas a lo largo de los años y de cómo se fueron construyendo articulaciones con los diferentes Estados y también distanciamientos y rupturas con las políticas llevadas adelante. A partir de las décadas de los setenta y ochenta, los feminismos y organizaciones de mujeres emergieron contra el autoritarismo, la violencia y la falta de derechos en el interior de los regímenes militares (Matos, 2013). En este contexto, el Estado representaba el abuso de poder, la violencia sistemática y la violación de los derechos contra las mujeres, como también el silenciamiento y la invisibilización de las demandas por parte de las organizaciones en aquel entonces. En este contexto, los feminismos se construían en posición de aversión y de autonomía del Estado (Matos, 2013). A partir de los años ochenta y noventa, muchos países latinoamericanos volvieron a convertirse en gobiernos democráticos, mientras que otros países de América Central sufrieron largos periodos de violencia y conflictos internos. “El clima de la región estuvo marcado por una fuerte presión desde los grupos sociales incluyendo el movimiento de mujeres, por reformas constitucionales, participación política y transformaciones institucionales” (Matos, 2013: 96). La relación entre los feminismos, las organizaciones de mujeres y los partidos de izquierda se transformó por aquellas épocas, se abrió una etapa de diálogos, negociación, encuentros y desencuentros con las políticas y las nuevas agendas internacionales en materia de género: Se fueron creando nuevos canales de interlocución estatal a partir de nuevas formas de organización feministas, originarias de los procesos crecientes de institucionalización, de profesionalización de algunos temas, de “ONG-ización”, de juntas creadas para intervenir en las organizaciones internacionales y regionales, impulsados por el proceso de Beijing (Matos, 2013: 96). Este periodo coincidió con la etapa en América Latina de políticas neoliberales, acuerdos y toma de deuda con instituciones financieras internacionales con el apoyo de las élites locales, reduciendo la participación del Estado y promoviendo procesos de privatización y de mercantilización de las relaciones sociales. La implementación de estas políticas generó una enorme toma de deuda pública y altas tasas de interés, desocupación y desempleo. Los feminismos también comenzaron a verse interpelados por este contexto, mientras las ONG y las feministas especializadas comenzaron a introducir distintos programas y temas relacionados con el género, relativizando la crítica y la transformación del Estado (Matos, 2013), las feministas “autónomas” se diferenciaron de este rol y se mantuvieron al margen de estas instancias de negociación. Las nuevas constituciones democráticas y reformas parlamentarias, adhesión a tratados internacionales, incorporaron las demandas feministas a las agendas y políticas gubernamentales, “sin embargo la adopción de las reivindicaciones de las mujeres en los discursos oficiales no significó una implementación efectiva” (Matos, 2013: 97), sino que en muchos casos fue parcial y selectiva. Con el nuevo milenio, nuevos movimientos feministas emergieron con una fuerte crítica al modelo neoliberal imperante en la región: la Marcha Mundial de las Mujeres significó un antecedente de lucha, alianzas y organización en contra de las políticas neoliberales, como también las reformas progresistas que siguieron aquellos años como también los debates hacia adentro del heterogéneo movimiento y su vínculo conflictivo con el Estado. En la Tesis N° 1 del Manifiesto, Una nueva ola feminista está reinventando la huelga, las autoras rescatan una reinvención del movimiento feminista y sus estrategias de lucha, producto de la avanzada y la consolidación de políticas neoliberales y un capitalismo financiero que se consolida a escala global. Estas expresiones políticas y movilizaciones masivas, como el primer “Ni Una Menos” en el 2015 en Argentina y el llamado a la huelga internacionalista que comenzó en octubre del 2016 en Polonia –que finalmente se extendió a todo el mundo, para convertirse en un movimiento transnacional el 8 de marzo de 2017–, reflejan procesos de participación, organización y transversalización de temas y agendas feministas en distintos ámbitos sociales; lugares de trabajo, escuelas, centros culturales, bachilleratos populares, medios de comunicación, centros comunitarios, de salud, parlamentarios, etc. Como refiere Matos (2013: 98). El feminismo, en una parte significativa de los países de la región Latinoamericana no sólo ha sido transversalizado - extendiéndose verticalmente a través de diferentes niveles de gobierno [...], sino que también se extendió horizontalmente [...] a lo largo de una amplia gama de clases sociales [...]. Esa conformación expresa lo que estamos definiendo como una ‘cuarta’ ola del feminismo. El Manifiesto reivindica el carácter anticapitalista, socialista y la vuelta a las raíces históricas de un feminismo desde las clases trabajadoras, dejando atrás las “chucherías”, flores, bombones, tarjetas festivas, etc., características del 8 de marzo; a su vez, esta nueva forma del hacer político que recupera estas experiencias, “anticipa la posibilidad de una nueva fase de la lucha de clases del todo nueva y sin precedentes: feminista, internacionalista, ambientalista y antirracista” (p. 21). El Feminismo para el 99% es un llamado a la unidad estratégica e internacional de los distintos movimientos sociales en contra del capitalismo feroz de esta etapa histórica, haciendo foco en el potencial del movimiento feminista al exponer la unidad entre el ámbito laboral y privado, ampliando el concepto de la lucha de clases, y al redefinir qué cuenta como trabajo y qué cuenta como trabajador (Arruzza, Bhattacharya y Fraser, 2019). Recuperando la Tesis N° 2 del libro, El feminismo liberal está en bancarrota: es hora de superarlo, donde las autoras proponen erradicar los planteos del feminismo liberal ya que son parte del problema y no buscan “abolir las jerarquías sociales sino, por el contrario, ‘diversificarlas’ por medio del ‘empoderamiento’ de algunas mujeres talentosas para que logren llegar a la cima” (pp. 24-25), consideramos que uno de los desafíos actuales desde los feminismos latinoamericanos tiene que ver con no quedar entrampadxs en programas y propuestas que son funcionales a los estados neoliberales y a las políticas que, lejos de suprimir las desigualdades de clase, raza y género, profundizan las desigualdades con microcréditos y salidas individuales a la crisis social que no son más que políticas de endeudamiento para mujeres, pobres y migrantes, bajo la fachada de “democratizar el acceso”: “En líneas generales [...] el feminismo liberal le brinda al neoliberalismo la coartada perfecta. Encubre políticas regresivas [...] y hace posible que las fuerzas que apoyan al capital global se presenten a sí mismas como ‘progresistas’” (pp. 24-25). En este periodo actual, como plantea Merlise Matos (2019) al referirse a la etapa reciente que constituye para esta autora la cuarta ola de movimientos de mujeres y feministas, ya que se promueven las demandas de las mujeres en espacios jerárquicos e institucionales dentro del Estado, partidos políticos y movimientos estudiantiles, los feminismos tienen como desafío rechazar el statu quo y la institucionalización de las luchas, que sean cooptadas o que se pierda la capacidad crítica de análisis, la transformación y la emancipación como horizontes posibles de cambio. En la Tesis Nº 8 las autoras afirman que “el capitalismo nació de la violencia racista y colonial”, de allí que el feminismo para el 99% se proclame antirracista y antiimperialista. Aquí reponen distintos hitos de disputas feministas a lo largo de las últimas décadas que dan cuenta de aquellos feminismos blancos que, bajo el ropaje de declamación de derechos civiles como el derecho al voto o supuestas razones “civilizatorias”, se encolumnan en discursos racializados en el primer caso y antimusulmanes en el segundo (Arruzza, Bhattacharya y Fraser, 2019). También mencionan otras formas más “sutiles” de racismo como cuando importantes feministas blancas norteamericanas han insistido en que “las mujeres negras solo podrán ser verdaderas feministas si eran capaces de anteponer una imaginaria sororidad posracial, o no racial, a la solidaridad antirracista con los hombres de color” (p. 67). Algo similar ocurrió en el 36° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries que se llevó adelante en Bariloche entre el 14 y el 16 de octubre pasado donde la Lof Lafken Winkul Mapu denunció por prácticas racistas a un sector de la Comisión Organizadora contra una machi de su comunidad.6 Por eso en el Manifiesto sostienen: Entendemos que nada que merezca el nombre de “liberación de la mujer” se puede conseguir en una sociedad racista o imperialista. Pero también entendemos que la raíz del problema es el capitalismo, y que el racismo y el imperialismo son parte suyas (p. 67). Mara Viveros Vigoya en su texto La interseccionalidad: una aproximación situada a la dominación (2016) al desarrollar las dimensiones políticas de la interseccionalidad y retomando trabajos de feministas decoloniales, como el de Chandra Talpadre Mohanty, sostiene que se puede leer la escala ascendente del privilegio, acceder y hacer visibles los mecanismos del poder a partir de las vidas e intereses de las comunidades marginadas de mujeres, “que son quienes llevan la carga más pesada de la globalización”: Su afirmación no es que toda situación marginada se capaz de producir un conocimiento crucial sobre el poder y la desigualdad, sino que, dentro de un sistema capitalista sólidamente integrado, el punto de vista particular de las niñas y mujeres indígenas despojadas y las niñas y mujeres del Tercer Mundo/Sur ofrece la visión más inclusiva del poder sistémico del capitalismo global. Igualmente, señala que estas experiencias de género, clase y raza de la globalización abren el espacio para formular preguntas sobre conexiones y desconexiones entre lo local y lo global, y generar alianzas entre movimientos activistas de las mujeres en todo el mundo. (Viveros Vigoya, 2016: 13). En la misma sintonía Yuderkys Espinosa Miñoso, Diana Gómez Correal y Karina Ochoa Muñoz en la introducción al ensayo Tejiendo de otro modo: Feminismo, epistemología y apuestas descoloniales en Abya Yala (2014) sostienen que el feminismo decolonial viene generando una producción teórica sin igual en el feminismo regional que habrá de dejar sus importantes frutos en una reconceptualización propia de la opresión y una política más adecuada a los intereses de la mayoría de las mujeres y sus comunidades en Abya Yala. Siendo algunos de los aportes fundamentales el avance en el campo de estudio que se ha abierto con este giro y el ver las conexiones entre modernidad, capitalismo, patriarcado racismo y democracia liberal. Ya que varios de sus análisis revelan el mestizaje como tropo sobre el que se asientan los estados-nación latinoamericanos y mediante el cual se niega y excluye del presente de la nación a las poblaciones indígenas y afrodescendientes (Espinosa Miñoso, Gómez Correal y Ochoa Muñoz, 2014). En una línea de pensamiento radical pero solidaria es que el Manifiesto de un feminismo para el 99% se constituye no solo en una actualización necesaria del manifiesto como herramienta colectiva de organización y acción, sino en una respuesta contundente al embate conservador global actual. En toda Latinoamérica y el mundo, el feminismo es un temblor político. El Manifiesto está dedicado al colectivo del río Combahee y a las huelguistas polacas y argentinas proponiendo así una genealogía política con el objetivo de tejer luchas, resistencias y alianzas. En nuestro país es el movimiento político y social más fuerte, con mayor poder de resistencia, cambio, convocatoria y organización. Y no por casualidad, sino por su autonomía, horizontalidad y experiencia de lucha. Claro que toda esta experiencia y resistencia acumulada fue recogida al calor de fuertes debates, diferencias, encuentros y desencuentros dentro del propio movimiento feminista y de éste con partidos políticos y organizaciones sociales a lo largo de la historia. La experiencia de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo confrontando a la dictadura militar y siendo hoy una referencia de lucha a nivel internacional por la memoria, la verdad y la justica, se suma a las trayectorias de los Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries que surgen en la década del ochenta con la recuperación democrática, ambas son una brújula en la transformación política que ha logrado conquistar derechos como el divorcio, la patria potestad compartida, impulsar reclamos y campañas como la del Aborto Legal, Seguro y Gratuito y las experiencias de las Consejerías. La resistencia en la década de los noventa contra las políticas neoliberales de ajuste, privatización y precarización de la vida dieron lugar a las primeras puebladas y piquetes en Plaza Huincul y Cutral Co, donde las mujeres protagonizaron jornadas de lucha y cortes de rutas contra la desocupación y el hambre las cuales dieron nacimiento a un actor social y político como el movimiento piquetero. Por aquellos años también, el surgimiento de organizaciones como la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), encabezada por Carlos Jáuregui bajo el lema “El libre ejercicio de la sexualidad es un derecho humano”, junto con otras organizaciones como la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti-Transexual (ALITT), impulsada por Lohana Berkins, dieron origen a las primeras marchas del Orgullo por el reconocimiento de la comunidad LGBT y en contra de los edictos policiales, la represión y la violencia policial de aquellos años. Todas estas experiencias confluirían en la rebelión popular del 2001, donde la crisis social, política y de representatividad institucional, encontró su punto más álgido en las jornadas del 19 y 20 de diciembre. A partir de este periodo, y de la lucha histórica del movimiento de mujeres, feministas y LGBTIQNB+, se abriría una nueva etapa de reconocimiento y ampliación de derechos como fueron la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario (Nº 26618) en el 2010, la ley de Identidad de Género (Nº 26743) en 2012 y la Ley del Aborto Legal (Nº 27610) en el 2020. En esta etapa se condensaron algunos debates anteriores y se posicionaron en la escena pública y en la agenda de debate las potencialidades y también las limitaciones (alcances) de estas políticas. Hoy, y con cuarenta años de democracia ininterrumpida, nos encontramos frente a un embate discursivo, electoral y comunicacional de sectores reaccionarios, conservadores y de extrema derecha que pretenden “achicar” y destruir a fuerza de motosierra todo lo ganado. A quienes predican estas ideas, les diremos “No pasarán”, con la fuerza histórica de las luchas que nos precedieron y de quienes dejaron su vida y quienes hoy siguen luchando por un mundo nuevo. Por último, llámese del 99% o como sea, se trata de una posición política donde migrantes, jóvenes, adultas mayores, indígenas, trabajadoras y trabajadores sexuales, travestis, trans, no-binaries y todas aquellas identidades que son marginadas del sistema se proyectan como oposición a las políticas de pulverización de derechos, sensibilidades y deseos que produce el sistema capitalista, especialmente en su fase neoliberal. 3. Referencias bibliográficas
  • Aruzza, Cinzia; Bhatacharya, Tithi; Fraser, Nancy (2019). Manifiesto de un feminismo para el 99%. Buenos Aires: Rara Avis.
  • Daverio, Andrea (2021). Capacidades estatales para el desarrollo de políticas públicas para la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas en América Latina. En Documento de política sobre desarrollo de capacidades institucionales para el abordaje de la violencia contra las mujeres y las niñas en América Latina (pp. 14-24). Caracas: CAF y PNUD. Recuperado de https://scioteca.caf.com/handle/123456789/1735 (visitado el 27/03/2026).
  • Espinosa Miñoso, Yuderkys; Gómez Correal, Diana y Ochoa Muñoz, Karina (2014). Introducción. En Yuderkys Espinosa Miñoso, Diana Gómez Correal y Karina Ochoa Muñoz (eds.), Tejiendo de otro modo: Feminismo, epistemología y apuestas descoloniales en Abya Yala (pp. 13-40). Popayán: Universidad de Cauca.
  • Matos, Marlise y Paradis, Clarisse (2013). Los feminismos latinoamericanos y su compleja relación con el Estado: debates actuales. Íconos - Revista de Ciencias Sociales, (45), 91-107. Recuperado de https://doi.org/10.17141/iconos.45.2013.3111 (visitado el 27/03/2026).
  • Matos, Marlise (2019). Progresos y retrocesos en la despatriarcalización y desheteronormatizacion del estado. En Elizabeth Jay Friedman (comp.), Felicitas Rossi y Constanza Tabbush (coords. ed. en español), Género, sexualidad e izquierda latinoamericana. El reclamo de derechos durante la marea rosa (pp. 177-208). Buenos Aires: CLACSO.
  • Viveros Vigoya, Mara (2016). La interseccionalidad: una aproximación situada a la dominación. Debate Feminista, 52, 1-17. Recuperado de https://doi.org/10.1016/j.df.2016.09.005 (visitado el 27/03/2026)

    1. Totalmente compatible con una desigualdad galopante, el feminismo liberal subcontrata la opresión. Propicia que las mujeres con cargos directivos puedan alcanzar sus metas precisamente porque ese liberalismo les permite apoyarse en mujeres migrantes racializadas a las que contratan de forma precaria para los cuidados y el trabajo doméstico.
    2. Según el reciente informe “Las brechas de género en la economía argentina 2do trimestre 2022” elaborado por el Ministerio de Economía de la Nación de nuestro país, las mujeres realizan el 70,2% de todas las tareas de cuidados no remuneradas, mientras que los varones aportan solo el 29,8%. Así, las mujeres dedican, en promedio, 6:31 horas al Trabajo No Remunerado (TNR), mientras que los varones solo le dedican 3:40 horas.
    3. En esta reciente nota publicada en Latfem se desarrollan 4 puntos claves para entender por qué el acuerdo con el FMI en nuestro país impide avanzar contra la desigualdad de género, y está lejos de tener una mirada feminista. Consultar en https://ecofeminita.com/el-fmi-es-feminista-la-insostenibilidad-de-la-deuda-y-de-la-vida/?v=5b61a1b298a0 -consultada por última vez el 6/01/2025-
    4. En su libro Una lectura feminista de la deuda (2019), Luci Cavallero y Verónica Gago dan cuenta de cómo repercute de modo diferencial la deuda en mujeres, lesbianas, trans y travestis, y evidencian qué diferencial de explotación se produce cuando las endeudadas son amas de casa, jefas de familia, trabajadoras formales, trabajadoras de la economía popular, trabajadoras sexuales, migrantes, habitantes de las villas o favelas, negras, indígenas, travestis, campesinas y estudiantes.
    5. Según el reciente informe “Las brechas de género en la economía argentina 2do trimestre 2022” elaborado por el Ministerio de Economía de la Nación de nuestro país, la brecha salarial alcanzó el 27,7%: las mujeres ocupadas debieron trabajar 8 días y 10 horas más que los varones ocupados para ganar lo mismo que ellos en un mes.
    6. En tal sentido ver: https://www.laizquierdadiario.com/Denuncian-racismo-en-el-36-encuentro-plurinacional (consultado el 6/01/2025).

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