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Uno trabaja la sensibilidad al estar en contacto con la música, con las emociones y con la interpretación, no es algo innato (Varón, 25 años, violinista).
Los artistas tienen una sensibilidad especial que se desarrolla con la formación y la práctica (Mujer, 37 años, cantante).
Hay gente que no es artista, pero es muy sensible y artistas que no lo son (Varón, 35 años, director orquesta).
- Etapa inicial o de descubrimiento. Incluye el primer contacto con la música, generalmente durante la infancia o la adolescencia, cuando esta es vivida como una actividad recreativa o un pasatiempo. La motivación surge del interés personal, la influencia familiar o el entorno sociocultural, y la formación formal aún no se traduce en un proyecto laboral. En el estudio coordinado por Karina Mauro (2025), se identifica que el 64% de los músicos encuestados afirma haber tomado clases con maestros/as particulares. El aprendizaje formal aparece representado con un 43% con formación terciaria y 25% con formación universitaria (cuya oferta es menor y más reciente). Un 15% afirma ser autodidacta.
- Decisión de profesionalizarse. Se caracteriza por la integración progresiva de la música a la vida cotidiana con mayor disciplina y dedicación. En esta fase emerge la aspiración de vivir del trabajo artístico, se intensifica la búsqueda de ingresos y se valoriza la formación formal y la obtención de titulaciones.
- Construcción de carrera. Implica la búsqueda activa de oportunidades laborales, la combinación de actividades (docencia, conciertos, proyectos colectivos) y el desarrollo de competencias de autogestión, organización y planificación estratégica. Se reconoce que no basta con el talento y se enfatiza la importancia del estudio continuado y la gestión de la carrera.
- Consolidación profesional. Se asocia con mayores niveles de estabilidad, reconocimiento y experiencia, aunque persisten condiciones de precarización e inestabilidad estructural. Tocar en orquestas, grupos, coros o proyectos, y empezar a ser conocido en el mundo artístico. Aquí el trabajo se siente más “profesional”, con contratos, remuneraciones consistentes y responsabilidades laborales definidas.
- Trayectoria y reinvención continua. Da cuenta de la necesidad permanente de actualización, diversificación de roles y adaptación a contextos cambiantes, reafirmando el carácter abierto y no lineal de las trayectorias artísticas. La idea del artista como un trabajador de la autogestión sigue vigente, con una mezcla de planificado e imprevisto en el desarrollo de la carrera. Algunos relatan cambios de rumbo y ampliación de roles a la docencia, dirección, producción u otros ámbitos dentro del arte.
- Ingresos que no cubren necesidades básicas. El caso de Augusto (cantante, de 34 años) es elocuente. Afirma que la totalidad de sus ingresos “apenas me alcanza para pagar el alquiler, comprar la comida y tener una mínima salida de ocio”, lo que le impide categóricamente el ahorro o la adquisición de bienes.
- Remuneración desproporcionada al esfuerzo. Existe una percepción generalizada de que la paga no se corresponde con el alto nivel de preparación. Martina (cantante, de 26 años) señala que “la cantidad de ensayos que se nos pide para una función nunca se corresponde con lo que uno termina cobrando”, mientras que Lara (violinista, de 23 años) recalca que la remuneración no contempla los “años de preparación” y especialización requeridos.
- Sueldos por debajo de otros sectores. La comparación con otras profesiones evidencia la subvaloración económica. Carola (baterista, de 33 años) indica que, a pesar de ser una profesional con título terciario, los honorarios “suelen ser bajos comparado con [...] sueldos de empleados de comercio”.
- Inestabilidad laboral. Michelle (cantante, de 29 años) describe esta dinámica como un ciclo que no permite “una estabilidad económica, y tampoco una estabilidad mental”, donde se alternan períodos de “mucho trabajo” con otros en los que “no hay nada”. Esta irregularidad es corroborada por Ana (cantante, de 32 años) con los ingresos de sus clases particulares.
- Tiempo de práctica y estudio. El trabajo central del músico no es considerado parte de la jornada laboral. Carola (baterista, 33 años) afirma que “no está contemplado gran parte del trabajo que es practicar el instrumento”, mientras que Lara (violinista, 23 años) complementa que la contabilización de las horas de trabajo “no cuenta la cantidad de horas que tuvo que estar antes para poder desarrollar bien ese trabajo”.
- Inversión en instrumentos. La adquisición y el mantenimiento de equipos de alta calidad constituyen un requisito indispensable para el desempeño profesional; sin embargo, esta inversión no se reconoce en los honorarios y se configura como un costo invisible asumido íntegramente por el artista.
- Respeto en las relaciones laborales y reconocimiento del trabajo. Lionel (multiinstrumentista, 33 años) describe cómo los municipios intentan “regatear” el caché a los artistas locales, mientras pagan “cuatro veces más” a músicos provenientes de otros lugares. Más allá de la dimensión económica, esta subvaloración se manifiesta como una forma de violencia simbólica. Asimismo, los esquemas de contratación pública suelen eludir el reconocimiento profesional de los músicos. Rubén (director de orquesta, 35 años) y Diego (pianista, 35 años) señalan que son contratados bajo figuras administrativas que no se corresponden con su rol efectivo. Diego relata haber sido contratado como “un personal más del municipio”, y no como docente, modalidad que le impide generar antigüedad y acceder a beneficios laborales.
- Elección de la independencia. Desde esta perspectiva, el trabajo autónomo no es concebido como una condición impuesta, sino como una elección orientada a la búsqueda de libertad y flexibilidad. Federico (pianista, 30 años) redefine su situación no como precaria, sino como “trabajo independiente como emprendedor”, subrayando la agencia y la voluntariedad implicadas en su modalidad laboral.
- Posicionamiento en nichos de alto valor. La especialización y la posibilidad de insertarse en segmentos del mercado con mayor poder adquisitivo pueden generar condiciones económicas no precarias. Elías (violinista, 29 años) constituye un ejemplo ilustrativo, al haber realizado un “trabajo de concientización con mis alumnos sobre el valor de las clases”, lo que le permite vincularse con personas que reconocen y pueden remunerar adecuadamente su labor. En la misma línea, Marianela (cantante, 24 años) señala que las fiestas representan una fuente de ingresos más efectiva que los conciertos.
- Estructura de apoyo formalizada. La existencia de una estructura intermediaria formal –como una productora– que asume el riesgo empresarial y las tareas logísticas reduce significativamente la incertidumbre que caracteriza a la precariedad laboral. Nicolás (violinista, 36 años) describe esta situación como “un lujo”, ya que la productora se encarga de todos los aspectos organizativos, permitiéndole concentrarse exclusivamente en su desempeño artístico.
- Enfoque en la función social. La percepción de precarización tiende a atenuarse cuando el trabajo se inscribe en proyectos con un fuerte componente social o “humanitario”, en los cuales el bajo salario es aceptado por “común acuerdo” en función de un objetivo colectivo. Camila (violinista, 29 años) explica que su labor apunta a sostener un espacio musical accesible para niños y jóvenes de bajos recursos.
Yo vivo de lo que me gusta hacer. Entonces, no le encuentro pesar al trabajo (varón, director de coro, 35 años).
Lo que me gusta mucho del trabajo artístico es que se pone en juego la intelectualidad completa de uno: lo motriz, lo emocional; uno tiene que estudiar mucho (varón, pianista, 35 años).
La comunidad, la gente... son dos espacios de pertenencia muy fuertes (mujer, directora de coro, 35 años).
Ver el crecimiento de mis compañeros y de mis alumnos (varón, director de orquesta, 29 años).
Lo que sucede en el escenario es un momento mágico... es algo que no tiene explicación lógica (mujer, contrabajista, 24 años).