SOCIEDAD Y
DESIGUALDADES
AÑO III | NÚMERO 4
MAYO 2026
OCTUBRE 2026
ISSN 3072-7111
INSTITUTO DE ESTUDIOS SOCIALES EN CONTEXTOS DE DESIGUALDADES (IESCODE-UNPAZ)
La digitalización de las estrategias para la acción colectiva estudiantil/magistral De la resistencia en línea a la incidencia en políticas educativas en México Urith N. Ramírez-Mera
Universidad de Guadalajara, México
urith.ramirez@gmail.com / ORCID:0000-0001-8715-4499

Recibido: 28 de enero de 2025. Aceptado: 15 de septiembre de 2025. Resumen La acción colectiva estudiantil y magistral en Latinoamérica ha sido catalizadora histórica de transformaciones políticas y educativas. En la era digital, las Tecnologías Digitales (TD) han redefinido las estrategias de organización y visibilización de estos movimientos, abriendo nuevas posibilidades para una educación participativa. Este artículo analiza el impacto de la digitalización de los movimientos estudiantiles/magistrales en México, destacando su influencia en la generación de políticas educativas digitales. A través de un enfoque teórico-crítico y el análisis de casos emblemáticos como “#YoSoy132”, “Ayotzinapa” e “IPN2014” se examinan las dinámicas de aprendizaje cívico, la democratización de la participación y los desafíos de la brecha digital. Los hallazgos revelan el potencial de las TD como herramientas de cambio social, aunque limitadas por desigualdades estructurales y censura algorítmica. Se proponen rutas estratégicas multisectoriales para potenciar el impacto de estos movimientos en las políticas educativas inclusivas. Palabras clave: movimientos estudiantiles | activismo digital | políticas educativas | tecnologías digitales | brecha digital
The digitalization of strategies for student and faculty collective action From online resistance to influence on educational policy in Mexico Abstract Student and teacher movements in Latin America have historically been catalysts for political and educational transformations. In the digital age, Digital Technologies (DT) have redefined organizational and visibility strategies, opening new possibilities for equitable and democratic education. This paper analyzes the impact of the digitalization of student/teacher movements in Mexico, highlighting their influence on the creation of digital education policies. Through a theoretical-critical approach and the analysis of key cases such as “#YoSoy132”, “Ayotzinapa”, and “IPN2014”, the study examines civic learning dynamics, democratization of participation, and the challenges posed by the digital divide. Findings reveal the potential of DT as tools for social change, though constrained by structural inequalities and algorithmic censorship. Multisectoral strategic routes are proposed to enhance the impact of these movements on inclusive educational policies. Keywords: student movements | digital activism |education policies |digital technologies | digital divide
1. Introducción Los movimientos estudiantiles han jugado un papel histórico en la transformación de la vida políticas. En Latinoamérica (Latam), estos movimientos han servido como catalizadores de cambios estructurales, enfrentando dinámicas de poder y desigualdades históricas. Además, han redefinido estructuras educativas ampliando el concepto de ciudadanía y participación democrática. En las últimas décadas, las Tecnologías Digitales (TD) han revolucionado las dinámicas de los movimientos sociales, y los estudiantiles/magistrales no son la excepción. Redes sociales, blogs y herramientas de mensajería han transformado la forma en que estos movimientos se organizan, comunican y actúan. El presente artículo tiene como objetivo analizar el impacto de la digitalización de los movimientos estudiantiles en la generación de políticas educativas. A través de un enfoque teórico-crítico se exploran las dinámicas de organización, visibilización y aprendizaje cívico que emergen de estas experiencias, así como su influencia en la reconfiguración de las políticas educativas en México. Esta investigación busca aportar una comprensión integral de cómo las TD no solo transforman las estrategias de movimientos colectivos, sino que también moldean identidades colectivas y abren nuevas posibilidades para una educación “democrática”. Este artículo se estructura en cinco apartados centrales. Tras esta introducción, se presenta un marco teórico que analiza los movimientos estudiantiles como agentes de cambio y el papel transformador de las TD en la acción colectiva. Posteriormente, se detalla la metodología de análisis teórico-crítica y documental aplicada a casos emblemáticos como “#YoSoy132”, “Ayotzinapa” e “IPN2014”. El cuarto apartado expone los resultados, contrastando las dinámicas de los movimientos y su impacto en la reconfiguración de políticas educativas, con un análisis específico de las protestas durante la pandemia de COVID-19 y su incidencia en la Estrategia Digital Nacional. Finalmente, el artículo culmina con una discusión que responde a las preguntas de investigación y propone una ruta estratégica multisectorial para potenciar el impacto de estos movimientos en la creación de políticas educativas inclusivas. 2. Marco teórico 2.1. Movimientos estudiantiles como agentes de cambio Los movimientos estudiantiles han sido decisivos en la transformación de las políticas educativas al promover cambios estructurales y reconfigurar relaciones de poder entre el Estado y la ciudadanía. Como "fuerzas morales" y “agentes de cambio”, los estudiantes tienen la capacidad de influir en decisiones políticas e incluso derrocar gobiernos a través de protestas organizadas (Savirani, 2023). En Latam, existen casos exitosos. El movimiento estudiantil de 2011 en Chile se destaca por su lucha contra la mercantilización de la educación, logrando que la gratuidad y la democratización se instalen en la agenda pública. Estas demandas fueron incluidas en la reforma educativa de 2018, mostrando cómo las presiones estudiantiles lograron influir en el sistema político y transformar políticas rígidas (Montero Barriga, 2018; Cabalin, 2013; Cejudo Ramos, 2021). En Colombia sucede algo parecido. El estudiantado ha usado la "memoria larga" que permite ubicar permanencias, interrupciones y latencias en su lucha histórica por la autonomía, por la educación pública, gratuita y de calidad y por su vinculación a las izquierdas y a las luchas populares (Vargas Torres, 2019). México representa otro caso de memoria larga en las escuelas normales rurales, como la de Atequiza. El movimiento estudiantil ha resistido políticas de cierre y represión casi desde sus orígenes. Ha influido en las políticas de educación básica, sosteniendo un modelo educativo alternativo que defiende la educación como derecho y servicio público (Rojas Galván, 2017). Los normalistas ejemplifican cómo los movimientos estudiantiles generan sujetos críticos, con una fuerte conciencia de sus derechos y deberes ciudadanos. A través de estos movimientos colectivos, se refuerza una identidad que mezcla las raíces rurales con un compromiso político, convirtiéndolos en agentes activos en sus comunidades (Rojas Galván, 2017). Las juventudes no solo desafían las decisiones estatales, sino que redefinen lo que significa ser ciudadano activo en contextos neoliberales, integrando la protesta y la negociación política como herramientas de participación (Cabalin, 2013; Brito Rodríguez, Posada Lecompte y Castro Solís, 2018; Vargas Torres, 2019). Los movimientos sociales inciden en la política al tensionar las estructuras de poder y abrir espacios de deliberación pública donde se visibilizan demandas históricamente relegadas. Su capacidad de movilización colectiva, basada en repertorios de acción como la protesta, la ocupación de espacios públicos y la presión mediática, les permite cuestionar las decisiones estatales y obligar a los gobiernos a negociar, reformar o incluso derogar políticas (Tilly y Tarrow, 2015). Al articularse como “fuerzas morales” y “agentes de cambio”, estos movimientos no solo logran modificar marcos normativos, sino que también transforman imaginarios sociales y redefinen lo que se entiende por ciudadanía activa (Touraine, 1986). 2.2. Las TD en los movimientos colectivos Las TD han emergido como un elemento transformador indisociable de la dinámica de los movimientos colectivos contemporáneos, reconfigurando radicalmente su organización, alcance e impacto. En el núcleo de esta transformación se encuentra la capacidad de las TD para construir comunidades virtuales sólidas y ágiles. Como señalan Núñez-Hernández, Larco-Pullas y Ayala-Jaramillo (2022), estas comunidades fomentan la colaboración y el aprendizaje compartido entre actores diversos, rompiendo las barreras tradicionales de tiempo y espacio (Pastrana Muñoz, Díaz Díaz y Ramos Lafont, 2022). Este mismo principio se aplica a los movimientos sociales: las redes sociales y plataformas de mensajería permiten una organización y difusión ampliada, facilitando la coordinación de acciones a gran escala, superando límites geográficos y reduciendo costos logísticos de manera significativa. Esta agilidad, como apuntan Santos-Caamaño, Vázquez-Cancelo y Rodríguez-Machado (2021), empodera al estudiantado y a otros colectivos para actuar colectivamente con mayor rapidez y efectividad, desarrollando conciencia social y reforzando sus capacidades organizativas. La viralización y visibilidad global que posibilitan las TD constituyen otro pilar fundamental. Herramientas como los hashtags y el lenguaje digital específico (memes, videos cortos, narrativas emotivas) permiten que causas locales trasciendan sus contextos iniciales, captando la atención global y generando respuestas emocionales que movilizan apoyo. Sancho-García y Alemañy (2022) argumentan que las TD actúan como motor de cambio al transformar las expectativas de participación, cuestionando conocimientos establecidos y permitiendo la difusión masiva de ideas y proyectos. Estas redes digitales se convierten en plataformas esenciales para que los movimientos estudiantiles y sociales ganen visibilidad, apoyo e influencia en políticas públicas, construyendo redes que promueven el cambio. Además, las TD posibilitan nuevos y múltiples modos de acción colectiva (García-González y Bailey, 2021): fomentan modelos organizativos más horizontales y descentralizados, prescindiendo de estructuras jerárquicas tradicionales y facilitando la autoorganización. La financiación colectiva (crowdfunding) y el desarrollo de campañas analíticas, donde los mensajes se adaptan estratégicamente a distintas audiencias, son ejemplos palpables. Zeballos (2021) destaca cómo esta adaptabilidad abre un abanico de oportunidades para personalizar la participación, reconceptualizando roles y permitiendo un aprendizaje y activismo dinámico y relevante. El acceso a herramientas innovadoras, como la inteligencia artificial, permite una comunicación más efectiva y personalizada, aumentando el alcance y la eficacia táctica de los movimientos. Sin embargo, este panorama prometedor coexiste con desafíos que no pueden ser ignorados. La promesa de inclusión y equidad (Pastrana Muñoz et al, 2022) se ve amenazada por la persistente exclusión digital. La brecha tecnológica, tanto de acceso como de competencias, sigue limitando severamente la participación de comunidades rurales y poblaciones socioeconómicamente desfavorecidas. Existe un riesgo real de que las TD en lugar de reducir la brecha la amplíen, dejando en la periferia a grupos vulnerables sin medios para exigir cambios, contradiciendo su potencial democratizador y afectando la diversidad y legitimidad interna de los movimientos. Esta exclusión socava la representatividad que debería fortalecerlos. Otros riesgos inherentes al ecosistema digital son la proliferación de desinformación y el "click-activismo" (o activismo de clic) (Rodríguez Guerrero, 2024).). La velocidad y el alcance de la difusión facilitan campañas manipulativas y una participación superficial, donde gestos simbólicos en línea (como un "me gusta") no se traducen en compromiso real y sostenido en el mundo físico. Los movimientos deben enfrentar la censura y el control digital. Actores poderosos, ya sean gobiernos o corporaciones, replican en el entorno online formas de represión offline, empleando vigilancia, bloqueo de contenidos y restricciones de acceso para limitar el impacto y la expresión de la disidencia (García-González y Bailey, 2021). Algunos ejemplos son los movimientos de la Primavera Árabe, Ocupa Wall Street y Fridays for Future: han utilizado intensamente las TD para coordinar manifestaciones, difundir mensajes y movilizar personas a nivel internacional. 2.3. Políticas educativas en la era digital La influencia de las TD en las políticas educativas se ha intensificado en los últimos años, transformando tanto las estructuras de gobernanza educativa como las prácticas pedagógicas. La integración de las TD en la educación ha sido un enfoque en las políticas educativas; sin embargo, la investigación muestra que los cambios significativos en las prácticas docentes no se han materializado como se esperaba (Sosa Díaz y Valverde Berrocoso, 2017). El avance de las plataformas digitales ha consolidado un modelo de privatización educativa que reconfigura los sistemas tradicionales y coloca a las grandes empresas tecnológicas en una posición de poder en la toma de decisiones (Hetrick, Wilson, Reece y Hanna, 2019; Saura, Cancela y Parcerisa, 2023). Esta transformación, orientada por la lógica del capitalismo digital, no solo se centra en la incorporación de recursos tecnológicos en el aula, sino en el control de los datos y la infraestructura educativa. Las políticas educativas pasan a depender de intereses privados, lo cual genera dinámicas de mercado en el ámbito educativo, donde la eficiencia y la estandarización predominan sobre la equidad y la inclusión (Saura et al, 2023). Sin embargo, esta consolidación del poder privado en el ámbito educativo no ha sido ajena a la crítica y al cuestionamiento por parte del activismo digital. Aguilar Forero y Cifuentes-Álvarez (2019) señalan cómo el activismo mediado por TD genera un espacio de resistencia, permitiendo a los actores sociales construir contranarrativas y visibilizar las desigualdades perpetuadas por políticas educativas alineadas con intereses corporativos. Esta organización colectiva digital se manifiesta a través del consumo crítico de medios, la coordinación de acciones, la producción de contenido y, en algunos casos, las prácticas hacker. Redefine el espacio público y cuestiona el discurso dominante de la educación como un bien de consumo. Así, los movimientos digitales se convierten en plataformas de aprendizaje comunitario que abogan por una educación inclusiva y socialmente justa. La acción colectiva digital ha permitido que grupos históricamente marginados participen en el debate educativo, construyendo comunidades en línea que desafían las políticas impuestas y abogan por reformas alineadas con las necesidades y realidades locales. Sevilla Godínez, Pérez Salmerón e Inda Ramírez (2024) destacan que, en México, la pandemia de COVID-19 evidenció una profunda brecha digital, amplificada por políticas que no consideraron las limitaciones tecnológicas de gran parte de la población estudiantil. En respuesta, el colectivismo digital ha jugado un papel crucial al visibilizar estas inequidades, promoviendo la creación de redes de solidaridad que presionan por políticas más inclusivas. El impacto de las tecnologías en las políticas educativas, potenciado por el colectivismo digital, también sugiere la necesidad de un giro práctico en la investigación educativa (Aguilar Forero y Cifuentes-Álvarez, 2019). Este enfoque invita a trascender las distinciones tradicionales entre educación formal, no formal e informal, y entre consumo y producción de contenido para adoptar una perspectiva que valore las prácticas políticas y educativas en su complejidad y diversidad. Al reconocer la educación como un acto político, se promueve una visión donde las TD no son solo herramientas educativas sino medios que potencian el aprendizaje crítico y la transformación social. Este marco conceptual resulta fundamental para el análisis posterior, ya que establece el precedente de que los movimientos colectivos estudiantiles, ahora potenciados por lo digital, tienen la capacidad histórica de incidir en políticas públicas, que es el eje central de la investigación. 3. Metodología El objetivo que sigue esta investigación es analizar el papel de las TD como catalizadoras de movilización estudiantil, identificando su influencia en la creación de políticas educativas digitales y en la producción de nuevos espacios formativos en el contexto de las movilizaciones sociales y educativas. Para ello, se busca responder a dos preguntas centrales:
  • ¿De qué manera las TD han transformado la organización, visibilización y estrategias de los movimientos estudiantiles/magistrales en contextos educativos?
  • ¿Cómo impacta la participación digital de los actores educativos en la reconfiguración de políticas educativas?
  • Desde esta orientación epistémica, esta investigación comprende el activismo digital como un fenómeno que va más allá de la protesta, analizando su dimensión formativa y su capacidad de incidir en el ámbito político-educativo. 3.1. Fundamento metodológico Se utilizó una metodología teórico-critica basada en el análisis documental y de contenido. Gamboa Araya (2011) menciona que la teoría crítica surge como un mecanismo para entender las situaciones históricas y culturales de la sociedad con el propósito de generar acciones en torno a una transformación de ésta. En el campo educativo, la teoría crítica tiene una visión política de la educación (Martínez Escárcega, 2011). Aborda los fenómenos educativos desde la visión de los actores involucrados, permitiendo una comprensión y teorización de acontecimientos, conductas y hechos. Según Martínez Escárcega (2011), la escuela dejó de ser pensada como un instrumento de reproducción social y se convirtió en un espacio político contradictorio en donde cobran forma diferentes estrategias tanto de dominación como de contestación.1 Por lo tanto, este enfoque permite comprender en profundidad el fenómeno del activismo estudiantil digital y su impacto en las políticas educativas en México, entendiendo sus dinámicas generadas. 3.2. Análisis documental y selección de casos Se seleccionaron estudios de caso de movimientos sociales digitalizados que tuvieron un impacto o visibilidad significativa en el ámbito educativo mexicano en los últimos años. Los criterios de selección incluyen a) relevancia en la agenda educativa nacional, b) uso de TD empleado activamente para organizar, comunicar y articular sus demandas, y c) reconocimiento o repercusión en políticas educativas. Esta estrategia metodológica permitió un análisis profundo de las dinámicas y estrategias de movilización, de los aprendizajes generados en estos espacios y de su repercusión en el ámbito educativo (tabla 1). Los movimientos colectivos analizados trascienden su dimensión educativa para erigirse como manifestaciones de conflicto social que disputan recursos, legitimidad y poder en el espacio público. A través de repertorios de acción colectiva como marchas, ocupaciones institucionales, alianzas sindicales y el uso estratégico de TD, estos actores visibilizan la educación como bien común frente a lógicas de mercado (Tilly y Tarrow, 2015; Melucci, 1996). Si bien las TD amplían su capacidad organizativa y de visibilización, la incidencia política en el ámbito educativo no es lineal ni automática: depende de factores críticos como la naturaleza del adversario (Estado, corporaciones), la configuración del conflicto y las estructuras de oportunidad política (McAdam, 1999) que habilitan o restringen la negociación. Así, los movimientos colectivos digitales operan como mediadores dentro de un entramado complejo, donde su potencia para tensionar las relaciones Estado-mercado-ciudadanía y forzar cambios de políticas (como evidencian los movimientos estudiantiles y magisteriales) está condicionada por dichos factores, sin perder su rol central en los conflictos sociales contemporáneos. Por otro lado, si bien algunos movimientos como “#YoSoy132” centraron sus demandas en la democratización mediática, su importancia para este análisis radica en que sentaron precedentes en el uso masivo de TD para los movimientos colectivos. En contraste, casos como “Ayotzinapa” o el “IPN2014” articularon demandas directamente vinculadas a la educación. Esta diversidad no debilita el análisis, sino que permite observar cómo los movimientos sociales digitalizados se han desplegado en torno a distintas agendas públicas, revelando tanto sus límites como sus potencialidades en la incidencia educativa. 3.3. Fuentes y técnicas de recolección de datos Se revisó la literatura científica sobre los casos seleccionados (ANEXO 1). Sin embargo, se identificó que existe documentación inexistente respecto a las protestas educativas durante el COVID-19 en México. Por tal motivo, se optó por analizar las publicaciones destacadas de la plataforma X/Twitter, donde se compartió información, se organizaron movilizaciones y se expresaron sus demandas (tabla 2). También se analizó la Estrategia Digital Nacional (EDN) 2021-2024 (2021), el cual es un plan de acción del Gobierno Federal de México para aprovechar las TD. 3.4. Análisis de datos Los datos fueron analizados a través de un enfoque temático para identificar patrones, temas y relaciones en el contenido obtenido de X/Twitter y la bibliografía analizada. Como primer paso, se analizó la literatura encontrada, la cual se codificó de manera abierta. Posteriormente, se realizó un análisis comparativo entre los diferentes casos para identificar patrones similares, repetidos y distintos. Es importante resaltar que, para el caso de las protestas digitales relacionadas a la educación durante COVID-19, se efectuó un análisis alterno: se identificaron categorías sobre los contenidos de los tweets y cómo respondían a las preguntas de investigación. Por ejemplo, para la categoría de “Transformación de movimientos estudiantiles” se identificaron las estrategias digitales, como campañas en redes sociales (#InternetParaTodos), como el Tweet “Acceso a internet debe ser considerado un servicio básico” (T4). El mismo caso para la categoría de “Impacto en políticas educativas”, se analizan los tweets con críticas a políticas insuficientes, como “El gobierno no proporcionó internet a los alumnos más desposeídos” (T11). 3.5. Consideraciones éticas y limitaciones Para cumplir con las consideraciones éticas en esta investigación, se protegió la identidad de los participantes, especialmente en el análisis de redes sociales, donde se anonimizaron los datos personales. Esta investigación se limita al contexto mexicano y a los casos de movilización estudiantil que tuvieron relevancia en el ámbito educativo. Además, la información obtenida de redes sociales podría estar limitada por las políticas de privacidad y acceso a datos de plataforma. 4. Análisis de resultados La presentación de los resultados se organiza de la siguiente manera: en primer lugar, se ofrece un análisis comparativo de las dinámicas de los movimientos colectivos analizados para identificar patrones comunes y diferencias en el uso de Tecnologías Digitales (TD), abordando así directamente la primera pregunta de investigación sobre cómo estas transforman las estrategias de organización y visibilización. Posteriormente, se analiza el impacto concreto de estos movimientos en la reconfiguración de políticas educativas, lo que responde a la segunda pregunta de investigación respecto a la incidencia en la política pública. Finalmente, se profundiza en un caso específico y contemporáneo (protestas durante el COVID-19) y se contrasta con un instrumento de política pública (la EDN 2021-2024), con el propósito de analizar la actualidad de las demandas y la capacidad de respuesta estatal, aportando evidencia robusta y actualizada para cumplir el objetivo central de analizar el papel de las TD como catalizadoras de movilización y su influencia en la creación de políticas educativas digitales. 4.1. Comparación de las dinámicas de los movimientos colectivos Existen similitudes entre los movimientos respecto al uso de estrategias con TD. En todos los casos, sirvieron como herramientas para la organización, visibilización y articulación de demandas, destacando las redes sociales como espacios de resistencia y movilización; lo mismo sucede con las narrativas transmedia, donde los movimientos aprovecharon la viralización de mensajes y narrativas para amplificar el alcance de sus demandas. La organización horizontal permitió estructuras menos jerárquicas pero inclusivas. En términos de similitudes, todos los casos evidencian una hibridación táctica entre acciones físicas y digitales: las redes sociales actuaron como catalizadores de movilizaciones masivas, como la "Marcha de las Credenciales" en “IPN2014” (Abascal Mena, 2015), y amplificaron demandas mediante hashtags globalizantes como “#YaMeCansé” en Ayotzinapa (Reyes Silva y Garza García, 2016). Paralelamente, “#YoSoy132” y la “Reforma2013” demostraron cómo las TD democratizan la información, construyendo narrativas colectivas que desafiaron los discursos hegemónicos de medios tradicionales (Valdés Vega, 2020). Esta lógica se reforzó con estrategias transmedia: campañas estéticas (“#IlustradoresConAyotzinapa”) y hashtags cohesionadores como “#TodosSomosPolitécnico” y durante la “Reforma2013” transformaron demandas locales en símbolos de resistencia global, mientras asambleas digitales del “#YoSoy132” fomentaron modelos organizativos horizontales. No obstante, emergen diferencias críticas en la dependencia digital y sostenibilidad comunicativa. Mientras “IPN2014” y “Ayotzinapa” priorizaron estrategias híbridas, vinculando protestas callejeras con activismos digitales, “Reforma2013” y “#YoSoy132” mostraron mayor dependencia de lo digital para coordinar acciones y contrarrestar narrativas oficiales. En innovación tecnológica, Ayotzinapa destacó al fusionar arte y TD; “#YoSoy132” explotó el formato audiovisual para viralizar demandas, e “IPN2014” impulsó blogs colaborativos como herramientas de formación política. Finalmente, en sostenibilidad comunicativa, “Ayotzinapa” y “Reforma2013” desarrollaron contranarrativas resilientes frente a la censura, mientras que “IPN2014” y “#YoSoy132” enfrentaron fragmentación de objetivos al priorizar la visibilidad inmediata sobre estrategias de largo alcance. Esta triangulación de tácticas refleja que la eficacia de las TD no reside únicamente en su uso, sino en su articulación en contextos de conflicto, adversarios específicos y capacidad para convertir la visibilidad digital en incidencia sostenible. 4.2. Impacto de los movimientos estudiantiles/magistrales en la política educativas El impacto de los movimientos colectivos analizados ha sido considerable en la reconfiguración del espacio público mediante TD, ya que éstas permitieron la deliberación y la protesta; además, se han utilizado redes sociales y plataformas digitales para visibilizar sus demandas. El movimiento “IPN2014”, “Ayotzinapa” y las demandas de “#YoSoy132” denuncian políticas educativas neoliberales que priorizan intereses corporativos o tecnocráticos (Pérez Alfaro, 2020). En el caso del “IPN2014”, esto se tradujo en el rechazo a la precarización laboral y la falta de autonomía institucional (Pérez Alfaro, 2020); en “Ayotzinapa”, en el desfinanciamiento de las Normales Rurales como resistencia al modelo neoliberal. El movimiento “Reforma2013” también critica la tecnocratización de las políticas educativas (Domínguez Castillo, 2020), aunque ofrecen menos detalles sobre cómo se estructura esta resistencia. La democratización es un eje transversal: en el “IPN2014” se exigió una mayor representatividad estudiantil y la convocatoria de un congreso amplio. En “#YoSoy132” se abogó por la democratización de los medios de comunicación y el sistema educativo. En “Ayotzinapa” se buscó justicia y transparencia, articuladas con una crítica a las instituciones centralizadas. Las TD se identifican en todos los casos como herramientas clave para fortalecer las demandas democráticas y cuestionar narrativas oficiales. Además, la educación se convirtió en un espacio de resistencia, las Normales Rurales son vistas como bastiones de lucha contra la marginación (Unzueta Granados, 2020). En el “IPN2014”, las demandas giraron en torno a la reforma de políticas educativas internas para garantizar mayor autonomía (Abascal Mena et al, 2015). “#YoSoy132” vinculó la transformación educativa con la inclusión de herramientas digitales para fortalecer el pensamiento crítico (Portillo, 2015). Durante la “Reforma2013” se buscó una regulación sobre la evaluación y organización de los profesores del magisterio. En todos los casos, la educación se posiciona como un eje transversal que conecta demandas locales con luchas estructurales. Todos los movimientos tuvieron impacto global gracias al uso de TD, especialmente a través de hashtags y campañas internacionales. Este patrón es evidente en “#YoSoy132”, “Ayotzinapa” y “Reforma2013”. También, se presentaron patrones repetidos relacionados con a) la resistencia a políticas neoliberales y centralistas, pues criticaron el control centralizado de las políticas y buscaron una mayor participación ciudadana, b) limitantes en la implementación de demandas, pues aunque lograron visibilizar problemas estructurales, la falta de propuestas claras o mecanismos de acción limitó su impacto y c) las TD se utilizaron para amplificar voces disidentes y conectar demandas locales con audiencias globales, sin embargo, esta dependencia introdujo desafíos como la censura algorítmica y la desigualdad en el acceso. 4.3. Protestas durante el COVID-19 asociados a la educación (2020-2021) Las redes sociales se convirtieron en catalizadoras críticas para exponer desigualdades estructurales en la educación mexicana. Tweets como "Niños deben viajar kilómetros y subir un cerro para tener Internet y acceder a clases online" (T2) evidenciaron la brecha digital como violencia sistémica, donde la falta de dispositivos, conectividad y políticas públicas transformó la educación remota en un privilegio socioeconómico. Frente a esta falla estatal, emergieron acciones solidarias comunitarias capturadas en mensajes como "Vecinos colaboran con estudiantes sin internet, pero no podemos romantizar esta situación, el Estado debe hacerse cargo" (T14) que, si bien paliaron emergencias, desnudaron la privatización de lo público. Estas iniciativas operaron como contranarrativas de la resiliencia, revelando cómo la ciudadanía suplió la abdicación institucional. Estas narrativas visibilizan realidades que de otro modo permanecerían invisibles. Además, estas acciones reflejan cómo las redes digitales no solo visibilizan problemas, sino que también facilitan la organización de soluciones temporales, evidenciando la capacidad de solidaridad. Las TD permiten que movimientos sociales estructuren sus estrategias de incidencia social. Es importante señalar que en este movimiento participan diferentes actores educativos y sectores que, a través de hashtags y campañas como “#InternetParaTodos” y otras etiquetas, han permitido que movimientos colectivos estudiantiles y sociales amplifiquen sus demandas, generando presión sobre los gobiernos: En consecuencia, se expone una crítica generalizada hacia las políticas educativas y tecnológicas. Se reconoce que las políticas han sido insuficientes para cerrar la brecha digital, lo cual ha profundizado las desigualdades: Además, la pandemia expuso la falta de previsión y planificación en las políticas educativas, lo que llevó a respuestas improvisadas: A través de plataformas digitales, la ciudadanía ha presionado para la implementación de políticas públicas más inclusivas. Los actores educativos exigieron que el acceso a Internet fuera un derecho garantizado: La constante denuncia en redes sociales obliga a los gobiernos a rendir cuentas sobre la falta de inversión y priorización: 4.3.1. La incidencia de las protestar por COVID-19 en la Estrategia Digital Nacional (EDN) 2021-2024 Se realizó una comparación entre la EDN y las demandas reflejadas en los tweets analizados. Los usuarios denuncian de forma constante la brecha digital y la falta de acceso a Internet como una barrera estructural para la educación. Así, se subraya la urgencia de una política pública efectiva que garantice el acceso a Internet como un derecho fundamental para evitar la exclusión educativa y social. Por su parte, la EDN reconoce esta problemática y propone una cobertura de Internet para todo el país mediante la instalación de redes inalámbricas en plazas públicas, centros de salud, escuelas y espacios comunitarios. "Incrementar la cobertura de Internet a todo el país para combatir la marginación y comunicar las zonas más pobres y alejadas" (Política Social Digital, Eje II). Además, busca impulsar el proyecto "CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos" para llevar conectividad a zonas rurales y marginadas, y promover la interconexión del gobierno federal mediante la Red Nacional de Fibra Óptica. Bajo este sentido, la EDN responde parcialmente a las demandas al proponer una cobertura universal de Internet. Sin embargo, en los tweets se critica la falta de implementación efectiva, mientras que la EDN presenta un plan a mediano plazo que aún enfrenta retos en la ejecución. La insuficiencia de dispositivos tecnológicos como computadoras y tablets impide la continuidad educativa. Sin embargo, aunque el documento enfatiza la cobertura de Internet, no se menciona explícitamente la dotación de dispositivos tecnológicos. Sus líneas de acción se enfocan en la digitalización de trámites y servicios gubernamentales, y el uso de infraestructura existente para reducir la brecha digital. Por otro lado, se señala el impacto de las políticas tecnológicas en la inclusión social y educativa al aumentar la desigualdad estructural, afectando a estudiantes vulnerables, y la falta de un enfoque integral. Las propuestas de la EDN en materia de inclusión digital proponen: combatir la marginación mediante la conectividad en zonas rurales y marginadas, fomentar el uso de TD para programas sociales y educativos con énfasis en los más vulnerables, promover el uso de la Red Compartida y acuerdos con sectores privados para ampliar la conectividad. Sin embargo, los tweets reflejan una falta de confianza en la implementación y resaltan la necesidad de acciones más inmediatas y concretas. El Estado es percibido como ausente e improvisado en la implementación de políticas tecnológicas durante la pandemia, por lo que la EDN pretende cambiar la percepción del Estado a través de la modernización gubernamental con digitalización de procesos. 5. Discusión La discusión se presenta en dos apartados. Primeramente, se responden las preguntas de investigación que guiaron este análisis. Posteriormente, se realiza una propuesta estratégica para transformar los movimientos estudiantiles y magistrales en catalizadores de políticas educativas. 5.1. Papel de las TD y su influencia en las políticas educativas El objetivo de esta investigación es analizar el papel de las TD como catalizadoras de movilización colectiva reconociendo su influencia en la creación de políticas educativas digitales y en la producción de nuevos espacios formativos. Respondiendo a las preguntas de investigación: P1. ¿De qué manera las TD han transformado la organización, visibilización y estrategias de los movimientos estudiantiles/magistrales en contextos educativos? Las TD han redefinido los movimientos colectivos al actuar como catalizadores de organización y visibilización. A través de redes sociales y plataformas colaborativas, los movimientos colectivos estudiantiles/magistrales han logrado estructuras organizativas horizontales y menos jerárquicas, fomentando la inclusión y una toma de decisiones colectiva. Ejemplos como “#YoSoy132”, “Ayotzinapa” e “IPN2014” muestran cómo las redes sociales permitieron no solo la coordinación ágil de movilizaciones físicas y digitales, sino también la construcción de narrativas transmedia con mensajes visuales y simbólicos. Caso contrario a las iniciativas durante el COVID-19, que limitó en gran medida la movilización física. La hibridación entre acciones digitales y presenciales es una característica clave de los movimientos contemporáneos. Por ejemplo, el movimiento “Ayotzinapa” combinó estrategias digitales con simbolismos como los pupitres vacíos (Jean Jean, 2017; 2019), generando un impacto global y movilizando solidaridad internacional. Por otro lado, movimientos como la Reforma Educativa de 2013 se apoyaron principalmente en el activismo digital (Fuentes Navarro, 2022), evidenciando la dependencia de las TD en contextos específicos. En cuanto a la visibilización, las TD permiten romper las barreras geográficas y temporales. Hashtags como “#FueElEstado”, “#InternetParaTodos” y “#YoSoy132” ejemplifican la capacidad de las redes para amplificar demandas y desafiar narrativas hegemónicas. Sin embargo, persisten retos como la censura algorítmica (Abascal Mena, 2015) y la desigualdad en el acceso, que limitan la participación de sectores más vulnerables. P2. ¿Cómo impacta la participación digital de los actores educativos en la reconfiguración de políticas educativas? La participación digital de los actores educativos ha incidido en la reconfiguración de las políticas educativas al exponer problemáticas estructurales, presionar por reformas y visibilizar las brechas existentes en la educación digital. Durante la pandemia de COVID-19, movimientos como “#InternetParaTodos” motivaron en la agenda pública la urgencia de garantizar el acceso equitativo a Internet y dispositivos tecnológicos como derechos fundamentales. Los resultados muestran que los movimientos estudiantiles/magistrales no solo critican las políticas educativas existentes, sino que también proponen alternativas. El caso del “IPN2014” destaca la demanda por una democratización educativa y un uso equitativo de las TD. Por otro lado, “Ayotzinapa” subrayó la importancia de la alfabetización crítica frente a los riesgos de manipulación digital. La EDN 2021-2024 responde parcialmente a estas demandas, proponiendo una cobertura nacional de Internet; sin embargo, persiste una desconexión con la provisión de dispositivos y estrategias integrales de inclusión digital. 5.2. Propuesta estratégica multisectorial A partir de los hallazgos identificados, en la figura 1 se muestran una ruta estratégica multisectorial para transformar los movimientos estudiantiles/magistrales digitalizados en catalizadores efectivos de políticas educativas inclusivas y democráticas. Estos aspectos contribuyen a una visión integral de cómo las TD potencializan los movimientos colectivos y su incidencia en la política educativa, proponiendo un marco teórico-práctico integral que conecta la tecnología, la educación y la justicia social. Los movimientos colectivos emergen como un fenómeno clave en la reconfiguración de las políticas educativas y en la formación de una ciudadanía participativa. Las TD, aunque presentan retos, también representan oportunidades para avanzar hacia una educación basada en la multisectorialidad de los actores educativos más allá de la participación del Estado. 6. Conclusión El análisis de la digitalización de los movimientos estudiantiles y magisteriales en México revela una paradoja central: mientras las TD se erigen como herramientas potentísimas para la organización, visibilización e incidencia política, su potencial emancipador se ve sistemáticamente constreñido por las mismas estructuras de poder y desigualdad que estos movimientos buscan desafiar. La visión crítica que se desprende de este estudio no es ni tecnooptimista ni tecnopesimista, sino profundamente dialéctica. Por un lado, se confirma que las TD han reconfigurado fundamentalmente la acción colectiva. Movimientos como “#YoSoy132”, “Ayotzinapa” e “IPN2014” demostraron una capacidad inédita para crear comunidades virtuales sólidas, emplear narrativas transmedia que viralizan demandas locales en escenarios globales, y operar bajo modelos organizativos horizontales que desafían las jerarquías tradicionales. Estas estrategias lograron colocar en la agenda pública crítica cruciales al neoliberalismo educativo, la mercantilización de la educación, la represión estatal y la brecha digital, ejerciendo una presión tangible que forzó al Estado a responder, como se evidencia en la incorporación parcial de sus demandas en documentos como la Estrategia Digital Nacional (EDN) 2021-2024. Sin embargo, esta visión debe ser matizada por una crítica feroz a los límites estructurales de estos movimientos. La promesa democratizadora de internet choca contra la realidad de una brecha digital multifacética de acceso, competencias y uso significativo, que excluye a las comunidades más vulnerables, replicando y ampliando las desigualdades sociales en el ámbito digital. Además, los movimientos operan en un ecosistema digital hostil, sujeto a la censura algorítmica ejercida por plataformas corporativas y a la vigilancia y represión por parte del Estado, lo que limita su alcance y sostenibilidad. La crítica más profunda se dirige al hecho de que la digitalización de la educación avanza, paralelamente, bajo una lógica de capitalismo de plataforma, donde grandes corporaciones tecnológicas consolidan su poder sobre la infraestructura y los datos educativos, vaciando de contenido crítico las políticas digitales y subordinándolas a intereses mercantiles. Esto crea un escenario contradictorio: los movimientos usan las TD para resistir al neoliberalismo, mientras el Estado promueve políticas digitales que, en su implementación, suelen fortalecerlo. Por lo tanto, se reflexiona que las TD son herramientas de cambio social, pero su impacto está cautivo por las estructuras socioeconómicas y políticas que las enmarcan. La conclusión no es abandonar la herramienta, sino librar la batalla en dos frentes simultáneos: utilizar las TD para la movilización y la incidencia, mientras se las disputa ideológica y materialmente para que sirvan a un proyecto educativo verdaderamente público, popular, democrático y crítico. El futuro de estos movimientos no reside únicamente en su habilidad digital, sino en su capacidad para articular una lucha multisectorial que vincule la demanda de acceso tecnológico universal con una crítica radical al modelo económico que produce la exclusión, transformando la resistencia en línea en una incidencia política sostenible que dispute el sentido mismo de la educación en la era digital. Finalmente, es necesario reconocer las limitaciones de este estudio. El análisis se circunscribe a un recorte temporal y a un conjunto específico de experiencias, lo cual restringe la generalización de los hallazgos. Asimismo, la variabilidad y rápida transformación tecnológica implican que los escenarios descritos pueden mutar en plazos cortos, exigiendo estudios comparativos y longitudinales que permitan identificar continuidades, rupturas y nuevas formas de resistencia digital. Futuras investigaciones deberán profundizar en la relación entre movimientos sociales, plataformas digitales y políticas públicas, explorando tanto las posibilidades de emancipación como los mecanismos de cooptación que siguen configurando el campo de disputa. 7. Referencias bibliográficas
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    1. La Teoría Crítica reproduce las ideas de Freire, Giroux y McLaren, quienes reconocen que la educación es un medio de colonización cultural y un espacio de acción emancipadora, es decir, es un espacio en disputa bajo una dinámica de dominación y resistencia en donde “cobran forma las más descarnadas prácticas racistas, homofóbicas y de segregación social, al mismo tiempo que se configuran y se ponen en operación múltiples y variadas tácticas políticas de oposición y resistencia” (Martínez Escárcega, 2011: 34). ↩︎

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